Invertir en ETF a largo plazo: ¿por qué considerar estrategias de baja correlación?
Invertir a largo plazo en fondos cotizados en bolsa (ETF) es una forma sencilla de participar en el crecimiento de los mercados de renta variable. Sin embargo, incluso una cartera que reúne acciones de cientos de empresas puede sufrir pérdidas considerables cuando las bolsas atraviesan una crisis.
A medida que aumenta el patrimonio invertido, deja de bastar con preguntarse «¿Cómo puedo obtener una mayor rentabilidad?». Hay otra cuestión igual de importante: ¿Depende demasiado mi cartera de la evolución del mercado bursátil?
No se trata de cuestionar las ventajas de los ETF, sino de plantearse si otras fuentes de rentabilidad, especialmente las estrategias con baja correlación respecto a la renta variable, pueden aportar una diversificación adicional.
Por ejemplo, un ETF que replica un índice de grandes compañías estadounidenses y otro centrado en empresas tecnológicas siguen referencias distintas. Aun así, ambos pueden verse afectados por los mismos factores económicos, como los tipos de interés o las expectativas de crecimiento, y caer simultáneamente durante una corrección generalizada.
Tener varios ETF no equivale necesariamente a contar con varias fuentes de rentabilidad independientes.
La historia demuestra que incluso los ETF de renta variable ampliamente diversificados han llegado a registrar pérdidas superiores al 50 % durante grandes crisis bursátiles.
Principales periodos de caída: SPY (2007–2009), QQQ (2000–2002), VOO (2020) y Taiwan 0050 (2008).
Nota sobre los datos: El gráfico muestra cifras aproximadas de la máxima caída registrada por cada ETF desde su lanzamiento. Los periodos de observación no coinciden y los resultados pueden variar según el tratamiento de los dividendos, la frecuencia de los datos y el método de cálculo. Por tanto, estas cifras no deben utilizarse por sí solas para establecer una clasificación del riesgo de los distintos fondos.
La mayor caída de un ETF desde su lanzamiento no tiene por qué coincidir con el peor desplome histórico del mercado al que está vinculado.
El VOO es un buen ejemplo. Este fondo se lanzó en 2010, por lo que su historial de cotización no incluye la crisis financiera mundial de 2008. Sin embargo, el índice S&P 500, que constituye su referencia, sufrió un descenso mucho más pronunciado durante aquella crisis. Es posible analizar ese episodio mediante los datos históricos del índice o a través del SPY, un ETF con una trayectoria más larga.
Existe una limitación similar en el caso de Taiwan 0050, lanzado en 2003. Su historial real no recoge los grandes mercados bajistas que vivió la bolsa de Taiwán antes de esa fecha. Por ejemplo, tras el estallido de una burbuja bursátil en 1990, el índice taiwanés TAIEX perdió aproximadamente un 80 % de su valor. Ese dato corresponde a una caída histórica del índice bursátil, no a un drawdown real ni simulado del ETF Taiwan 0050.
La conclusión es importante: que un fondo tenga un historial más corto y no haya atravesado determinadas crisis no significa que esté menos expuesto a una fuerte caída en el futuro.
Por eso, para evaluar los riesgos de un ETF, conviene mirar más allá de sus propios resultados y estudiar también cómo se ha comportado el mercado subyacente a lo largo de ciclos económicos más amplios.
Nada de esto resta valor a la inversión en ETF a largo plazo. Simplemente pone de manifiesto una distinción fundamental: la rentabilidad obtenida con el paso de los años y las pérdidas soportadas durante ese recorrido son dos dimensiones diferentes de una inversión.
Para quienes ya han acumulado un patrimonio importante, se acercan a la jubilación o prevén retirar dinero de su cartera de forma periódica, una caída profunda puede representar mucho más que una pérdida temporal sobre el papel. También puede alterar los plazos y las decisiones de su planificación financiera.
De ahí surge una pregunta que merece la pena plantearse: ¿podría la incorporación de otras fuentes de rentabilidad reducir la dependencia de la cartera respecto al mercado de renta variable?
En el análisis financiero, el coeficiente de correlación toma valores comprendidos entre -1 y +1. En términos prácticos, conviene distinguir tres situaciones:
Una correlación baja no es lo mismo que una correlación negativa.
Para quienes invierten en ETF de renta variable, esta diferencia es especialmente relevante.
Una estrategia de baja correlación no obtiene beneficios automáticamente cada vez que cae la bolsa. Lo que significa es que su rentabilidad no sigue de manera sistemática la dirección del mercado de acciones.
Las acciones y una estrategia cuantitativa pueden registrar pérdidas al mismo tiempo, aunque su correlación histórica haya estado cerca de cero. Del mismo modo, una correlación negativa observada en el pasado tampoco garantiza protección durante todas las caídas bursátiles.
El posible beneficio está en combinar fuentes de rentabilidad que no evolucionan siempre de forma sincronizada, no en esperar que una inversión compense cualquier pérdida de otra.
Veamos un ejemplo hipotético con dos inversiones:
Si todo el capital estuviera invertido en el ETF de renta variable, la volatilidad anualizada de la cartera sería del 20 %.
Con estos supuestos, una distribución del 80 % en el ETF y el 20 % en la estrategia alternativa reduciría la volatilidad de la cartera hasta aproximadamente el 16,3 %. Si la distribución fuese del 60 % en el ETF y el 40 % en la estrategia alternativa, la volatilidad descendería hasta alrededor del 13,4 %.
Pero ¿cómo es posible que añadir otra inversión que también presenta oscilaciones reduzca la volatilidad del conjunto?
La explicación es que el riesgo de una cartera no depende únicamente de cuánto fluctúa cada inversión por separado, sino también de cómo se comportan sus rentabilidades entre sí.
Cuando dos inversiones no suben y bajan siempre a la vez, parte de sus movimientos puede compensarse. Como resultado, el valor global de la cartera puede experimentar oscilaciones menos acusadas.
Este es el posible efecto de diversificación que hace interesante analizar las estrategias de baja correlación.
Conviene subrayar, no obstante, que las cifras del gráfico son únicamente una ilustración matemática basada en determinados supuestos. No representan los resultados reales de ninguna estrategia. Una volatilidad inferior no garantiza una máxima caída menor ni una rentabilidad más elevada.
En la práctica, es necesario comprobar si incorporar una nueva estrategia mejora realmente la cartera después de considerar sus rentabilidades, comisiones, costes de negociación y riesgos. La nueva distribución de activos también debe ser adecuada para los objetivos financieros del inversor.
El objetivo no es necesariamente encontrar la inversión con la mayor rentabilidad, sino construir una cartera en la que distintas fuentes de retorno se complementen.
Imaginemos que una cartera pasa de 10 millones de euros a 8 millones. Eso supone una pérdida del 20 %. Sin embargo, para volver de 8 millones a 10 millones de euros, la cartera necesita subir un 25 %, no un 20 %.
Una pérdida del 10 % exige una subida de aproximadamente el 11,1 % para recuperar el valor inicial. Tras una caída del 30 %, hace falta una ganancia cercana al 42,9 %. Si la cartera pierde la mitad de su valor, es decir, un 50 %, necesita revalorizarse un 100 % —duplicarse— simplemente para regresar a su máximo anterior.
Cuanto más profunda es la caída, mayor es la rentabilidad necesaria para recuperar las pérdidas.
Desde esta perspectiva, las caídas históricas de los ETF analizadas anteriormente adquieren todavía más relevancia. Una inversión con buenas perspectivas a largo plazo también puede atravesar pérdidas que tarden varios años en recuperarse.
Un periodo de recuperación prolongado puede resultar especialmente complicado para quienes necesitan retirar fondos de forma periódica o atender compromisos financieros en fechas concretas.
Por eso, invertir a largo plazo no debería limitarse a buscar la máxima rentabilidad posible. También importa el tamaño de las pérdidas potenciales y las consecuencias que pueden tener sobre la planificación financiera.
Buscar rentabilidades razonables y, al mismo tiempo, gestionar el riesgo de grandes caídas puede ayudar a mantener el rumbo hacia los objetivos financieros a largo plazo.
Explorar otras fuentes de rentabilidad es una de las posibles vías. No porque exista una estrategia capaz de eliminar todas las pérdidas, sino porque una combinación adecuada podría reducir la dependencia de un único factor de riesgo de mercado.
El punto de partida debería ser un historial verificable de operaciones reales, no solo una cifra atractiva de rentabilidad anualizada.
Las plataformas externas de seguimiento de resultados, como Myfxbook, permiten consultar historiales de operaciones y estadísticas de rendimiento. Esta información puede ayudar a entender qué rentabilidades y riesgos se observaron mientras una estrategia operaba en condiciones reales de mercado.
Sin embargo, la verificación de un historial de operaciones por parte de una plataforma externa no equivale a una auditoría financiera independiente. Tampoco garantiza resultados futuros.
Un historial de operaciones reales proporciona información más directa sobre las transacciones efectivamente ejecutadas que una simple simulación. Aun así, los resultados pasados no garantizan rentabilidades futuras.
Si el historial publicado incluye pruebas retrospectivas con datos históricos (backtesting) o periodos simulados, esos resultados deben diferenciarse claramente de los obtenidos mediante operaciones reales.
Para quien ya invierte en ETF, analizar una estrategia nueva no consiste necesariamente en encontrar la que ha conseguido la mayor rentabilidad. Lo importante es determinar si puede aportar una fuente de retorno complementaria, con un nivel de riesgo aceptable.
Si tus inversiones actuales ya se ajustan a tus objetivos financieros, tu tolerancia al riesgo y tus necesidades de liquidez, mantener la distribución existente puede ser una decisión perfectamente razonable.
Sin embargo, a medida que aumenta el patrimonio invertido, merece la pena plantearse algunas preguntas:
Una correlación baja, por sí sola, no constituye una razón suficiente para invertir.
Una nueva estrategia solo merece consideración cuando su potencial de rentabilidad, su perfil de riesgo y sus condiciones de aplicación son compatibles con los objetivos y las circunstancias del inversor.
La pregunta más útil es otra:
«¿Depende demasiado mi cartera de los mismos factores de mercado y fuentes de rentabilidad? ¿Podría una estrategia diferente ayudarme a buscar crecimiento patrimonial a largo plazo y, al mismo tiempo, gestionar mejor los riesgos?»
Para quienes ya han construido una cartera de ETF con un horizonte de inversión a largo plazo, comprender las máximas caídas históricas, la correlación entre rentabilidades y los efectos de distintas distribuciones de activos es un buen punto de partida para mejorar su composición.
Si estás investigando estrategias de baja correlación, empieza por tres aspectos fundamentales:
Estamos abiertos al intercambio de ideas sobre investigación de estrategias cuantitativas, gestión del riesgo y construcción de carteras de inversión, con el propósito de contribuir a que los inversores interesados puedan valorar distintas alternativas con información más completa y criterios mejor fundamentados.
Una cartera bien construida no consiste únicamente en generar rentabilidad. También implica gestionar los riesgos durante el camino hacia los objetivos financieros a largo plazo.
A medida que aumenta el patrimonio invertido, deja de bastar con preguntarse «¿Cómo puedo obtener una mayor rentabilidad?». Hay otra cuestión igual de importante: ¿Depende demasiado mi cartera de la evolución del mercado bursátil?
No se trata de cuestionar las ventajas de los ETF, sino de plantearse si otras fuentes de rentabilidad, especialmente las estrategias con baja correlación respecto a la renta variable, pueden aportar una diversificación adicional.
1. Los ETF diversifican las inversiones, pero no eliminan el riesgo de mercado
Los ETF de renta variable ayudan a reducir el riesgo de concentrar el capital en unas pocas empresas. No obstante, si la cartera está formada principalmente por este tipo de fondos, su comportamiento seguirá dependiendo en gran medida de la evolución general de las bolsas.Por ejemplo, un ETF que replica un índice de grandes compañías estadounidenses y otro centrado en empresas tecnológicas siguen referencias distintas. Aun así, ambos pueden verse afectados por los mismos factores económicos, como los tipos de interés o las expectativas de crecimiento, y caer simultáneamente durante una corrección generalizada.
Tener varios ETF no equivale necesariamente a contar con varias fuentes de rentabilidad independientes.
Máximas caídas históricas de algunos ETF conocidos
La máxima caída o drawdown máximo (Maximum Drawdown, MDD) mide el mayor descenso porcentual del valor de una inversión desde un máximo anterior hasta un mínimo posterior, dentro de un periodo determinado.La historia demuestra que incluso los ETF de renta variable ampliamente diversificados han llegado a registrar pérdidas superiores al 50 % durante grandes crisis bursátiles.
Principales periodos de caída: SPY (2007–2009), QQQ (2000–2002), VOO (2020) y Taiwan 0050 (2008).
Nota sobre los datos: El gráfico muestra cifras aproximadas de la máxima caída registrada por cada ETF desde su lanzamiento. Los periodos de observación no coinciden y los resultados pueden variar según el tratamiento de los dividendos, la frecuencia de los datos y el método de cálculo. Por tanto, estas cifras no deben utilizarse por sí solas para establecer una clasificación del riesgo de los distintos fondos.
La mayor caída de un ETF desde su lanzamiento no tiene por qué coincidir con el peor desplome histórico del mercado al que está vinculado.
El VOO es un buen ejemplo. Este fondo se lanzó en 2010, por lo que su historial de cotización no incluye la crisis financiera mundial de 2008. Sin embargo, el índice S&P 500, que constituye su referencia, sufrió un descenso mucho más pronunciado durante aquella crisis. Es posible analizar ese episodio mediante los datos históricos del índice o a través del SPY, un ETF con una trayectoria más larga.
Existe una limitación similar en el caso de Taiwan 0050, lanzado en 2003. Su historial real no recoge los grandes mercados bajistas que vivió la bolsa de Taiwán antes de esa fecha. Por ejemplo, tras el estallido de una burbuja bursátil en 1990, el índice taiwanés TAIEX perdió aproximadamente un 80 % de su valor. Ese dato corresponde a una caída histórica del índice bursátil, no a un drawdown real ni simulado del ETF Taiwan 0050.
La conclusión es importante: que un fondo tenga un historial más corto y no haya atravesado determinadas crisis no significa que esté menos expuesto a una fuerte caída en el futuro.
Por eso, para evaluar los riesgos de un ETF, conviene mirar más allá de sus propios resultados y estudiar también cómo se ha comportado el mercado subyacente a lo largo de ciclos económicos más amplios.
Nada de esto resta valor a la inversión en ETF a largo plazo. Simplemente pone de manifiesto una distinción fundamental: la rentabilidad obtenida con el paso de los años y las pérdidas soportadas durante ese recorrido son dos dimensiones diferentes de una inversión.
Para quienes ya han acumulado un patrimonio importante, se acercan a la jubilación o prevén retirar dinero de su cartera de forma periódica, una caída profunda puede representar mucho más que una pérdida temporal sobre el papel. También puede alterar los plazos y las decisiones de su planificación financiera.
De ahí surge una pregunta que merece la pena plantearse: ¿podría la incorporación de otras fuentes de rentabilidad reducir la dependencia de la cartera respecto al mercado de renta variable?
2. ¿Qué pueden aportar las estrategias de baja correlación?
El atractivo de una estrategia de baja correlación no reside en su capacidad para anticipar el próximo desplome bursátil. Su posible ventaja consiste en generar rentabilidades que no dependan exclusivamente de la subida de las acciones.Correlación baja y correlación negativa: ¿en qué se diferencian?
La correlación mide hasta qué punto las rentabilidades de dos inversiones tienden a moverse de forma conjunta.En el análisis financiero, el coeficiente de correlación toma valores comprendidos entre -1 y +1. En términos prácticos, conviene distinguir tres situaciones:
- Correlación positiva (próxima a +1): Las rentabilidades tienden a moverse en la misma dirección. Ambas inversiones suelen subir o bajar al mismo tiempo.
- Correlación baja (próxima a 0): No existe una relación lineal clara y constante entre sus rentabilidades. Cuando una inversión sube, la otra puede subir, bajar o mantenerse prácticamente sin cambios.
- Correlación negativa (próxima a -1): Las rentabilidades tienden a evolucionar en direcciones opuestas. Cuando una inversión sube, la otra suele bajar.
Una correlación baja no es lo mismo que una correlación negativa.
Para quienes invierten en ETF de renta variable, esta diferencia es especialmente relevante.
Una estrategia de baja correlación no obtiene beneficios automáticamente cada vez que cae la bolsa. Lo que significa es que su rentabilidad no sigue de manera sistemática la dirección del mercado de acciones.
Las acciones y una estrategia cuantitativa pueden registrar pérdidas al mismo tiempo, aunque su correlación histórica haya estado cerca de cero. Del mismo modo, una correlación negativa observada en el pasado tampoco garantiza protección durante todas las caídas bursátiles.
El posible beneficio está en combinar fuentes de rentabilidad que no evolucionan siempre de forma sincronizada, no en esperar que una inversión compense cualquier pérdida de otra.
¿Cómo puede la baja correlación reducir la volatilidad de una cartera?
Veamos un ejemplo hipotético con dos inversiones:
- ETF de renta variable: Volatilidad anualizada del 20 %.
- Estrategia alternativa: Volatilidad anualizada del 15 % y correlación igual a 0 con el ETF.
Si todo el capital estuviera invertido en el ETF de renta variable, la volatilidad anualizada de la cartera sería del 20 %.
Con estos supuestos, una distribución del 80 % en el ETF y el 20 % en la estrategia alternativa reduciría la volatilidad de la cartera hasta aproximadamente el 16,3 %. Si la distribución fuese del 60 % en el ETF y el 40 % en la estrategia alternativa, la volatilidad descendería hasta alrededor del 13,4 %.
Pero ¿cómo es posible que añadir otra inversión que también presenta oscilaciones reduzca la volatilidad del conjunto?
La explicación es que el riesgo de una cartera no depende únicamente de cuánto fluctúa cada inversión por separado, sino también de cómo se comportan sus rentabilidades entre sí.
Cuando dos inversiones no suben y bajan siempre a la vez, parte de sus movimientos puede compensarse. Como resultado, el valor global de la cartera puede experimentar oscilaciones menos acusadas.
Este es el posible efecto de diversificación que hace interesante analizar las estrategias de baja correlación.
Conviene subrayar, no obstante, que las cifras del gráfico son únicamente una ilustración matemática basada en determinados supuestos. No representan los resultados reales de ninguna estrategia. Una volatilidad inferior no garantiza una máxima caída menor ni una rentabilidad más elevada.
En la práctica, es necesario comprobar si incorporar una nueva estrategia mejora realmente la cartera después de considerar sus rentabilidades, comisiones, costes de negociación y riesgos. La nueva distribución de activos también debe ser adecuada para los objetivos financieros del inversor.
El objetivo no es necesariamente encontrar la inversión con la mayor rentabilidad, sino construir una cartera en la que distintas fuentes de retorno se complementen.
3. La rentabilidad a largo plazo importa. Controlar las pérdidas también.
La rentabilidad anualizada es un indicador útil para evaluar una inversión, pero no cuenta toda la historia. Hay otra pregunta que merece la misma atención: después de una pérdida importante, ¿cuánto debe subir la cartera para recuperar su valor anterior?Imaginemos que una cartera pasa de 10 millones de euros a 8 millones. Eso supone una pérdida del 20 %. Sin embargo, para volver de 8 millones a 10 millones de euros, la cartera necesita subir un 25 %, no un 20 %.
Cuanto mayor es la pérdida, más difícil resulta recuperar el capital
Una pérdida del 10 % exige una subida de aproximadamente el 11,1 % para recuperar el valor inicial. Tras una caída del 30 %, hace falta una ganancia cercana al 42,9 %. Si la cartera pierde la mitad de su valor, es decir, un 50 %, necesita revalorizarse un 100 % —duplicarse— simplemente para regresar a su máximo anterior.
Cuanto más profunda es la caída, mayor es la rentabilidad necesaria para recuperar las pérdidas.
Desde esta perspectiva, las caídas históricas de los ETF analizadas anteriormente adquieren todavía más relevancia. Una inversión con buenas perspectivas a largo plazo también puede atravesar pérdidas que tarden varios años en recuperarse.
Un periodo de recuperación prolongado puede resultar especialmente complicado para quienes necesitan retirar fondos de forma periódica o atender compromisos financieros en fechas concretas.
Por eso, invertir a largo plazo no debería limitarse a buscar la máxima rentabilidad posible. También importa el tamaño de las pérdidas potenciales y las consecuencias que pueden tener sobre la planificación financiera.
Buscar rentabilidades razonables y, al mismo tiempo, gestionar el riesgo de grandes caídas puede ayudar a mantener el rumbo hacia los objetivos financieros a largo plazo.
Explorar otras fuentes de rentabilidad es una de las posibles vías. No porque exista una estrategia capaz de eliminar todas las pérdidas, sino porque una combinación adecuada podría reducir la dependencia de un único factor de riesgo de mercado.
4. ¿Cómo evaluar los resultados reales de una estrategia cuantitativa?
Una vez comprendida la importancia de la correlación y las máximas caídas, el siguiente paso es determinar si una estrategia cuantitativa de negociación merece realmente un lugar en nuestra cartera.El punto de partida debería ser un historial verificable de operaciones reales, no solo una cifra atractiva de rentabilidad anualizada.
Las plataformas externas de seguimiento de resultados, como Myfxbook, permiten consultar historiales de operaciones y estadísticas de rendimiento. Esta información puede ayudar a entender qué rentabilidades y riesgos se observaron mientras una estrategia operaba en condiciones reales de mercado.
Sin embargo, la verificación de un historial de operaciones por parte de una plataforma externa no equivale a una auditoría financiera independiente. Tampoco garantiza resultados futuros.
Qué conviene revisar más allá de la rentabilidad anunciada
Al evaluar una estrategia cuantitativa, merece la pena prestar especial atención a cuatro aspectos:- Historial de operaciones reales: ¿Cuánto tiempo lleva funcionando la estrategia con dinero real? ¿Ha atravesado distintos entornos de mercado, incluidos periodos de elevada volatilidad?
- Rentabilidad y drawdown máximo: ¿Qué pérdidas y caídas temporales hubo que soportar para alcanzar los resultados publicados?
- Apalancamiento, exposición y costes: ¿La estrategia utiliza apalancamiento o mantiene posiciones abiertas de gran tamaño? ¿Qué comisiones de gestión y costes de negociación implica?
- Correlación con los ETF existentes: ¿Sus rentabilidades se comportan de forma suficientemente diferente como para aportar una diversificación efectiva a la cartera?
Un historial de operaciones reales proporciona información más directa sobre las transacciones efectivamente ejecutadas que una simple simulación. Aun así, los resultados pasados no garantizan rentabilidades futuras.
Si el historial publicado incluye pruebas retrospectivas con datos históricos (backtesting) o periodos simulados, esos resultados deben diferenciarse claramente de los obtenidos mediante operaciones reales.
Para quien ya invierte en ETF, analizar una estrategia nueva no consiste necesariamente en encontrar la que ha conseguido la mayor rentabilidad. Lo importante es determinar si puede aportar una fuente de retorno complementaria, con un nivel de riesgo aceptable.
5. ¿Necesitas realmente otras estrategias además de los ETF?
No todos los inversores en ETF necesitan incorporar una estrategia cuantitativa a su cartera.Si tus inversiones actuales ya se ajustan a tus objetivos financieros, tu tolerancia al riesgo y tus necesidades de liquidez, mantener la distribución existente puede ser una decisión perfectamente razonable.
Sin embargo, a medida que aumenta el patrimonio invertido, merece la pena plantearse algunas preguntas:
- Dependencia del mercado: ¿Qué parte de mi patrimonio depende directamente de la evolución de las bolsas?
- Capacidad para soportar pérdidas: ¿Una caída importante de la cartera podría afectar a mis planes de jubilación, a las retiradas de dinero previstas o a otros objetivos financieros?
- Resultados verificables y gestión del riesgo: ¿La estrategia que estoy analizando cuenta con un historial comprobable de operaciones reales y un sistema de control de riesgos fiable?
- Beneficio para la cartera: Después de considerar los costes y riesgos, ¿incorporar esta estrategia mejoraría de forma significativa mi distribución de activos?
Una correlación baja, por sí sola, no constituye una razón suficiente para invertir.
Una nueva estrategia solo merece consideración cuando su potencial de rentabilidad, su perfil de riesgo y sus condiciones de aplicación son compatibles con los objetivos y las circunstancias del inversor.
Conclusión: mantén tus ETF, pero amplía tu enfoque de diversificación
Invertir en ETF a largo plazo sigue siendo una opción razonable para muchos inversores. Estudiar estrategias de baja correlación no significa que tengas que vender los fondos que ya forman parte de tu cartera.La pregunta más útil es otra:
«¿Depende demasiado mi cartera de los mismos factores de mercado y fuentes de rentabilidad? ¿Podría una estrategia diferente ayudarme a buscar crecimiento patrimonial a largo plazo y, al mismo tiempo, gestionar mejor los riesgos?»
Para quienes ya han construido una cartera de ETF con un horizonte de inversión a largo plazo, comprender las máximas caídas históricas, la correlación entre rentabilidades y los efectos de distintas distribuciones de activos es un buen punto de partida para mejorar su composición.
Si estás investigando estrategias de baja correlación, empieza por tres aspectos fundamentales:
- Resultados reales verificables: Examina las operaciones efectivamente realizadas, la duración del historial disponible y los costes asociados.
- Historial de riesgos y máximas caídas: Analiza cómo se ha comportado la estrategia en distintas condiciones de mercado.
- Correlación con tus ETF: Compara las rentabilidades de periodos coincidentes para evaluar si la estrategia puede ofrecer una diversificación significativa.
Estamos abiertos al intercambio de ideas sobre investigación de estrategias cuantitativas, gestión del riesgo y construcción de carteras de inversión, con el propósito de contribuir a que los inversores interesados puedan valorar distintas alternativas con información más completa y criterios mejor fundamentados.
Una cartera bien construida no consiste únicamente en generar rentabilidad. También implica gestionar los riesgos durante el camino hacia los objetivos financieros a largo plazo.