Inversión a largo plazo en ETF: ¿conviene sumar estrategias de baja correlación?

Invertir a largo plazo en fondos cotizados en bolsa (ETF) es una manera práctica de participar en el crecimiento del mercado accionario. Sin embargo, aunque un fondo tenga inversiones en decenas o cientos de empresas, eso no impide que su valor caiga considerablemente durante una crisis bursátil.

Conforme crece tu patrimonio, la pregunta ya no es solamente «¿Cómo puedo obtener mejores rendimientos?». Hay otra cuestión igual de importante: ¿Mi portafolio depende demasiado de que al mercado de acciones le vaya bien?

No se trata de abandonar los ETF ni de cuestionar su utilidad para invertir a largo plazo. Se trata de evaluar si otras fuentes de rendimiento, en particular las estrategias con baja correlación respecto al mercado accionario, pueden ayudar a construir un portafolio mejor diversificado.

1. Los ETF diversifican las acciones, pero no eliminan el riesgo de mercado

Los ETF de renta variable ayudan a reducir el riesgo de concentrar el dinero en unas cuantas empresas. No obstante, cuando la mayor parte del portafolio está invertida en ETF de acciones, sus resultados siguen dependiendo en buena medida de la evolución general de la bolsa.

Por ejemplo, un ETF que sigue a las principales empresas estadounidenses y otro enfocado en el sector tecnológico pueden replicar índices diferentes. Aun así, ambos están expuestos a factores económicos similares, como las tasas de interés y las expectativas de crecimiento. Si ocurre una venta generalizada de acciones, los dos pueden registrar pérdidas al mismo tiempo.

Tener varios ETF no significa necesariamente contar con varias fuentes de rendimiento independientes entre sí.

Caídas máximas históricas de algunos ETF populares

La caída máxima, también conocida como drawdown máximo (Maximum Drawdown, MDD), mide la mayor disminución porcentual que registra una inversión desde un máximo anterior hasta un mínimo posterior durante un periodo determinado.

La historia de los mercados demuestra que incluso los ETF de acciones ampliamente diversificados han llegado a perder más del 50% de su valor durante grandes crisis financieras.

Comparación del drawdown máximo histórico de los ETF SPY, QQQ, VOO y Taiwan 0050
Principales periodos de caída: SPY (2007–2009), QQQ (2000–2002), VOO (2020) y Taiwan 0050 (2008).

Nota sobre los datos: La gráfica presenta valores aproximados del drawdown máximo de cada ETF desde su lanzamiento. Los periodos de observación no son iguales y los resultados pueden variar según el tratamiento de los dividendos, la frecuencia de los datos y el método de cálculo. Por lo tanto, estas cifras no deben utilizarse por sí solas para determinar qué ETF tiene mayor o menor riesgo.


La peor caída registrada por un ETF desde que comenzó a operar no necesariamente representa la mayor caída que ha sufrido el mercado al que está vinculado.

El caso de VOO ayuda a entender esta diferencia. El fondo comenzó a operar en 2010, por lo que su historial real no incluye la crisis financiera mundial de 2008. Sin embargo, el índice S&P 500, que VOO busca replicar, experimentó una caída mucho más profunda durante aquella crisis. Ese episodio puede estudiarse mediante los datos históricos del índice o a través de SPY, un ETF que cuenta con una trayectoria más larga.

Algo similar ocurre con Taiwan 0050, lanzado en 2003. Su historial real de operaciones no abarca las grandes caídas del mercado taiwanés anteriores a esa fecha. Por ejemplo, cuando estalló la burbuja bursátil de Taiwán en 1990, el índice TAIEX perdió aproximadamente un 80% de su valor. Esa cifra corresponde a una caída histórica del índice accionario, no a una pérdida real ni a un drawdown simulado del ETF Taiwan 0050.

La lección es clara: que un ETF tenga un historial relativamente corto y no haya atravesado ciertas crisis no significa que esté menos expuesto a una caída importante en el futuro.

Por eso, para evaluar adecuadamente los riesgos de un ETF, conviene revisar no solo sus resultados desde el lanzamiento, sino también el comportamiento de su mercado de referencia a lo largo de distintos ciclos económicos.

Esto no le resta valor a la inversión de largo plazo en ETF. Simplemente nos recuerda una distinción importante: el rendimiento acumulado durante varios años y las pérdidas que hubo que soportar en el camino son dos aspectos diferentes de una inversión.

Para quienes ya han acumulado un patrimonio considerable, están cerca del retiro o planean hacer retiros periódicos de su portafolio, una caída profunda puede tener consecuencias que van más allá de una pérdida temporal en el estado de cuenta. También puede afectar los tiempos y las decisiones de su planeación financiera.

Esto lleva a una pregunta que vale la pena considerar: ¿incorporar una fuente de rendimiento diferente podría reducir la dependencia del portafolio respecto al mercado accionario?

2. ¿Qué pueden aportar las estrategias de baja correlación?

El atractivo de una estrategia de baja correlación no consiste en que pueda anticipar la próxima caída de la bolsa. Su posible ventaja es generar rendimientos que no dependan exclusivamente de que suban los precios de las acciones.

Correlación baja y correlación negativa: ¿cuál es la diferencia?

La correlación permite medir qué tan relacionados están los movimientos de los rendimientos de dos inversiones.

En el análisis financiero se utiliza un coeficiente de correlación (Correlation) que va de -1 a +1. Para entenderlo, conviene distinguir tres escenarios:

  • Correlación positiva (cercana a +1): Los rendimientos tienden a moverse en la misma dirección. Ambas inversiones suelen subir o bajar al mismo tiempo.
  • Correlación baja (cercana a 0): No existe una relación lineal clara y constante entre los rendimientos. Cuando una inversión sube, la otra puede subir, bajar o mantenerse prácticamente sin cambios.
  • Correlación negativa (cercana a -1): Los rendimientos tienden a moverse en direcciones opuestas. Cuando una inversión sube, la otra suele bajar.

Tener una correlación baja no es lo mismo que tener una correlación negativa.

Esta diferencia es especialmente relevante para quienes ya invierten en ETF de acciones.

Una estrategia de baja correlación no genera utilidades automáticamente cuando cae la bolsa. Significa que sus rendimientos no siguen de forma constante la misma dirección que el mercado accionario.

Las acciones y una estrategia cuantitativa pueden registrar pérdidas al mismo tiempo, incluso si su correlación histórica ha estado cerca de cero. De igual forma, una correlación negativa observada en el pasado no garantiza protección durante todas las caídas del mercado.

El beneficio potencial está en combinar fuentes de rendimiento cuyos movimientos no siempre coincidan, y no en esperar que una inversión compense cualquier pérdida de otra.

¿Cómo puede la baja correlación reducir la volatilidad del portafolio?

Comparación de la volatilidad anualizada de un portafolio con distintas proporciones de ETF de acciones y estrategias de baja correlación

Consideremos un ejemplo hipotético con dos inversiones:

  • ETF de acciones: Volatilidad anualizada del 20%.
  • Estrategia alternativa: Volatilidad anualizada del 15% y correlación igual a 0 con el ETF.

Si todo el capital está invertido en el ETF de acciones, la volatilidad anualizada del portafolio es del 20%.

Bajo estos supuestos, una distribución de 80% en el ETF y 20% en la estrategia alternativa reduciría la volatilidad del portafolio a aproximadamente 16.3%. Si la distribución cambia a 60% en el ETF y 40% en la estrategia alternativa, la volatilidad bajaría a cerca de 13.4%.

Pero ¿cómo es posible que agregar otra inversión que también tiene riesgos reduzca las fluctuaciones del portafolio completo?

La explicación es que el riesgo de un portafolio no depende únicamente de cuánto fluctúa cada inversión, sino también de cómo se mueven sus rendimientos entre sí.

Cuando dos inversiones no suben ni bajan siempre al mismo tiempo, parte de sus movimientos puede compensarse. Como resultado, las variaciones en el valor total del portafolio podrían ser menos pronunciadas.

Este es el posible beneficio de diversificación que hace interesante analizar las estrategias de baja correlación.

Sin embargo, las cifras de la gráfica son únicamente un ejercicio matemático basado en supuestos específicos. No representan resultados reales de ninguna estrategia. Una volatilidad menor no garantiza una caída máxima más pequeña ni rendimientos superiores.

En una decisión de inversión real, es necesario analizar si la estrategia mejora el portafolio después de considerar sus rendimientos, comisiones, costos de operación y riesgos. También hay que verificar que la nueva distribución de activos sea adecuada para los objetivos financieros del inversionista.

El objetivo no necesariamente es encontrar la inversión con el rendimiento más alto. Lo importante es construir un portafolio donde distintas fuentes de rendimiento puedan complementarse.

3. El rendimiento a largo plazo importa. Controlar las pérdidas también.

El rendimiento anualizado es un indicador útil para evaluar una inversión, pero no cuenta toda la historia. Hay otra pregunta que merece la misma atención: después de una pérdida considerable, ¿cuánto necesita subir el portafolio para recuperar su valor anterior?

Imagina que un portafolio pasa de 10 millones de pesos a 8 millones de pesos. Eso representa una pérdida del 20%. Sin embargo, para recuperar los 10 millones desde los 8 millones, necesita generar un rendimiento del 25%, no del 20%.

Entre mayor sea la pérdida, más difícil será recuperar el capital

Comparación de los rendimientos porcentuales necesarios para recuperar pérdidas de inversión del 10%, 20%, 30% y 50%

Una pérdida del 10% requiere una ganancia aproximada del 11.1% para recuperar el valor inicial. Después de una caída del 30%, hace falta un rendimiento cercano al 42.9%. Si el portafolio pierde la mitad de su valor, es decir, un 50%, necesita aumentar un 100% —duplicarse— simplemente para regresar a su máximo anterior.

Mientras más profunda sea una caída, mayor será el rendimiento necesario para recuperar la pérdida.

Desde esta perspectiva, las caídas históricas de los ETF analizadas anteriormente adquieren mayor relevancia. Una inversión con buenas perspectivas de crecimiento a largo plazo también puede pasar por pérdidas que tarden años en recuperarse.

Un periodo de recuperación prolongado puede resultar especialmente complicado para quienes necesitan retirar recursos de manera periódica o cumplir compromisos financieros en fechas determinadas.

Por eso, la inversión a largo plazo no debería limitarse a buscar el rendimiento más alto posible. También es importante evaluar el tamaño de las pérdidas potenciales y cómo podrían afectar los planes financieros.

Buscar rendimientos razonables y, al mismo tiempo, administrar el riesgo de caídas pronunciadas puede ayudar a mantener el rumbo hacia los objetivos financieros de largo plazo.

Explorar otras fuentes de rendimiento es una de las alternativas disponibles. No porque exista una estrategia capaz de evitar todas las pérdidas, sino porque una combinación adecuada podría disminuir la dependencia de un solo factor de riesgo de mercado.

4. ¿Cómo evaluar los resultados reales de una estrategia cuantitativa?

Una vez que comprendes la importancia de la correlación y las caídas máximas, el siguiente paso es evaluar si una estrategia cuantitativa de trading realmente tiene sentido dentro de tu portafolio.

Empieza por revisar un historial verificable de operaciones con dinero real, no solo una cifra atractiva de rendimiento anualizado.

Las plataformas externas de seguimiento de desempeño, como Myfxbook, permiten consultar historiales de operaciones y estadísticas de rendimiento. Esta información puede servir para entender qué resultados y riesgos se observaron mientras una estrategia operaba bajo condiciones reales de mercado.

No obstante, la verificación de un historial de operaciones mediante una plataforma externa no equivale a una auditoría financiera independiente. Tampoco garantiza resultados futuros.

No evalúes una estrategia únicamente por sus ganancias

Al analizar una estrategia cuantitativa, conviene poner atención en cuatro aspectos:

  • Historial de operaciones reales: ¿Cuánto tiempo lleva operando la estrategia con dinero real? ¿Ha atravesado diferentes condiciones de mercado, incluidos periodos de alta volatilidad?
  • Rendimiento y drawdown máximo: ¿Qué tan grandes fueron las pérdidas temporales que acompañaron los rendimientos reportados?
  • Apalancamiento, exposición y costos: ¿La estrategia utiliza apalancamiento o mantiene posiciones abiertas importantes? ¿Qué comisiones de administración y costos de operación implica?
  • Correlación con los ETF que ya tienes: ¿Sus rendimientos se comportan de manera suficientemente diferente como para aportar una diversificación relevante al portafolio?

Un historial de operaciones reales ofrece evidencia más directa de las transacciones efectivamente ejecutadas que una simple simulación. Aun así, los resultados pasados no garantizan rendimientos futuros.

Si el historial publicado incluye pruebas retrospectivas con datos históricos (backtesting) o periodos simulados, esos resultados deben distinguirse claramente de los obtenidos en operaciones reales.

Para un inversionista que ya tiene ETF, evaluar una estrategia nueva no consiste necesariamente en buscar la que obtuvo el rendimiento más alto. Lo importante es determinar si puede agregar una fuente de rendimiento útil, con un nivel de riesgo aceptable.

5. ¿Realmente necesitas otras estrategias además de los ETF?

No todas las personas que invierten en ETF necesitan incorporar una estrategia cuantitativa.

Si tus inversiones actuales ya cumplen con tus objetivos financieros, tu tolerancia al riesgo y tus necesidades de liquidez, mantener la distribución que tienes puede ser una decisión perfectamente razonable.

Sin embargo, conforme aumenta el patrimonio invertido, vale la pena plantearse algunas preguntas:

  1. Dependencia del mercado: ¿Qué porcentaje de mi patrimonio depende del desempeño del mercado accionario?
  2. Capacidad para soportar pérdidas: ¿Una caída importante de mi portafolio afectaría mis planes para el retiro, los retiros de dinero programados u otros objetivos financieros?
  3. Resultados verificables y control de riesgos: ¿La estrategia que estoy considerando cuenta con un historial comprobable de operaciones reales y un sistema confiable de gestión de riesgos?
  4. Beneficio para el portafolio: Después de considerar los costos y riesgos, ¿incorporar esta estrategia mejoraría de manera significativa mi distribución de inversiones?

Una correlación baja, por sí sola, no es una razón suficiente para invertir.

Una estrategia nueva merece consideración únicamente cuando su potencial de rendimiento, sus riesgos y sus condiciones prácticas son compatibles con los objetivos y las necesidades del inversionista.

Conclusión: conserva tus ETF, pero amplía tu enfoque de diversificación

Invertir en ETF a largo plazo sigue siendo una opción razonable para muchas personas. Considerar estrategias de baja correlación no significa que tengas que vender los fondos que ya forman parte de tu portafolio.

La pregunta más útil es otra:

«¿Mi portafolio depende demasiado de los mismos factores de mercado y fuentes de rendimiento? ¿Incorporar una estrategia diferente podría ayudarme a buscar crecimiento patrimonial a largo plazo mientras administro mejor los riesgos?»

Para quienes ya han construido un portafolio de ETF con un horizonte de largo plazo, comprender las caídas máximas históricas, la correlación entre rendimientos y los efectos de distintas distribuciones de activos es un buen punto de partida para tomar mejores decisiones de inversión.

Si estás investigando estrategias de baja correlación, comienza por revisar tres aspectos fundamentales:

  • Resultados reales verificables: Examina las operaciones efectivamente realizadas, la duración del historial disponible y los costos asociados.
  • Historial de riesgos y caídas máximas: Analiza cómo se ha comportado la estrategia en diferentes condiciones de mercado.
  • Correlación con tus ETF: Compara los rendimientos de los mismos periodos para evaluar si la estrategia puede ofrecer un beneficio significativo de diversificación.

Estamos abiertos al intercambio de ideas sobre investigación de estrategias cuantitativas, gestión de riesgos y construcción de portafolios, con el propósito de contribuir a que los inversionistas interesados evalúen distintas alternativas con información más completa y criterios mejor fundamentados.

Un portafolio bien construido no solo busca generar rendimientos. También debe administrar los riesgos durante el camino hacia los objetivos financieros de largo plazo.