Invertir en ETF a largo plazo: ¿para qué sumar estrategias de baja correlación?
Invertir a largo plazo en fondos cotizados en bolsa (ETF) es una forma sencilla de participar del crecimiento del mercado de acciones. Sin embargo, incluso una cartera que incluye decenas o cientos de empresas puede sufrir pérdidas importantes cuando las bolsas atraviesan una crisis.
A medida que crece tu patrimonio invertido, la pregunta deja de ser solamente «¿Cómo puedo obtener un rendimiento más alto?». También empieza a cobrar importancia otra cuestión: ¿Mi cartera depende demasiado de lo que pase en el mercado de acciones?
Esto no significa que tengas que dejar de invertir en ETF. Se trata de analizar si otras fuentes de rendimiento, especialmente las estrategias con baja correlación respecto de las acciones, pueden aportar una diversificación más efectiva.
Por ejemplo, un ETF que sigue a las grandes empresas estadounidenses y otro enfocado en el sector tecnológico pueden replicar índices diferentes. Aun así, ambos están expuestos a factores económicos similares y pueden registrar pérdidas al mismo tiempo durante una caída generalizada de las bolsas.
Tener varios ETF no significa necesariamente contar con varias fuentes de rendimiento independientes.
La historia demuestra que incluso los ETF de acciones ampliamente diversificados han llegado a perder más del 50% de su valor durante grandes crisis bursátiles.
Principales períodos de caída: SPY (2007–2009), QQQ (2000–2002), VOO (2020) y Taiwan 0050 (2008).
Aclaración sobre los datos: El gráfico muestra valores aproximados del drawdown máximo de cada ETF desde su lanzamiento. Los períodos analizados no son iguales y los resultados pueden variar según el tratamiento de los dividendos, la frecuencia de los datos y el método de cálculo. Por eso, estas cifras no permiten establecer por sí solas qué ETF tiene mayor o menor riesgo.
La mayor caída registrada por un ETF desde su lanzamiento no necesariamente refleja la peor caída que sufrió el mercado al que sigue.
El caso de VOO sirve para entenderlo. Este ETF comenzó a cotizar en 2010, por lo que su historial real no incluye la crisis financiera mundial de 2008. Sin embargo, el índice S&P 500, que VOO replica, atravesó una caída mucho más profunda durante aquella crisis. Ese episodio puede analizarse mediante los datos históricos del índice o a través de SPY, un ETF con mayor trayectoria.
Algo parecido ocurre con Taiwan 0050, lanzado en 2003. Su historial de operaciones reales no abarca los grandes mercados bajistas que sufrió Taiwán antes de esa fecha. Por ejemplo, cuando estalló la burbuja bursátil taiwanesa en 1990, el índice TAIEX perdió aproximadamente un 80% de su valor. Esa cifra corresponde a una caída histórica del índice de mercado, no a un drawdown real ni simulado del ETF Taiwan 0050.
La conclusión es clara: que un fondo tenga un historial más corto y no haya atravesado determinadas crisis no significa que esté menos expuesto a una fuerte caída futura.
Por eso, al evaluar los riesgos de un ETF, conviene mirar más allá de su propia evolución y estudiar también cómo se comportó el mercado de referencia a lo largo de distintos ciclos económicos.
Nada de esto invalida la inversión en ETF a largo plazo. Simplemente pone de relieve una diferencia importante: el rendimiento obtenido a lo largo de los años y las pérdidas que hubo que soportar durante ese recorrido son dos aspectos distintos de una inversión.
Para quienes ya acumularon un patrimonio considerable, se acercan a la jubilación o planean retirar dinero de manera periódica, una caída pronunciada puede significar mucho más que una pérdida temporal en la pantalla. También puede afectar los plazos y las decisiones de su planificación financiera.
En ese contexto, vale la pena hacerse una pregunta: ¿sumar otras fuentes de rendimiento podría reducir la dependencia de la cartera respecto del mercado de acciones?
En el análisis financiero, el coeficiente de correlación (Correlation) toma valores entre -1 y +1. Para entenderlo, conviene distinguir tres situaciones:
Una correlación baja no es lo mismo que una correlación negativa.
Esta diferencia es especialmente importante si ya invertís en ETF de acciones.
Una estrategia de baja correlación no genera ganancias automáticamente cada vez que cae la bolsa. Lo que significa es que sus rendimientos no siguen de manera constante la misma dirección que el mercado de acciones.
Las acciones y una estrategia cuantitativa pueden registrar pérdidas simultáneas, aunque su correlación histórica haya estado cerca de cero. Del mismo modo, una correlación históricamente negativa tampoco garantiza protección durante todas las caídas del mercado.
El beneficio potencial aparece al combinar fuentes de rendimiento que no siempre se mueven al mismo ritmo, no al esperar que una inversión compense cualquier pérdida de otra.
Veamos un ejemplo hipotético con dos inversiones:
Si todo el capital se invierte en el ETF de acciones, la volatilidad anualizada de la cartera es del 20%.
Bajo estos supuestos, una distribución del 80% en el ETF y el 20% en la estrategia alternativa reduciría la volatilidad de la cartera a aproximadamente el 16,3%. Con un 60% en el ETF y un 40% en la estrategia alternativa, bajaría todavía más, hasta alrededor del 13,4%.
¿Cómo es posible que agregar otra inversión que también tiene fluctuaciones de precio termine reduciendo la volatilidad total?
Porque el riesgo de una cartera no depende solamente de cuánto fluctúa cada inversión por separado, sino también de cómo se mueven sus rendimientos entre sí.
Cuando dos inversiones no suben y bajan siempre al mismo tiempo, parte de sus movimientos puede compensarse. Como resultado, la cartera en su conjunto puede presentar variaciones de valor más moderadas.
Ese es el posible beneficio de diversificación que hace interesantes a las estrategias de baja correlación.
Sin embargo, los valores del gráfico son únicamente un ejemplo matemático basado en supuestos específicos, no resultados reales de ninguna estrategia. Una menor volatilidad no garantiza un drawdown máximo más bajo ni un rendimiento superior.
En la práctica, hay que evaluar si incorporar una estrategia mejora efectivamente la cartera después de considerar su rendimiento, las comisiones, los costos de negociación y los riesgos involucrados. La nueva distribución también tiene que ser coherente con los objetivos financieros del inversor.
El objetivo no es necesariamente encontrar la inversión con el mayor rendimiento, sino construir una cartera en la que distintas fuentes de retorno se complementen.
Supongamos que una cartera pasa de 10 millones a 8 millones. Eso representa una pérdida del 20%. Pero para volver de 8 millones a 10 millones necesita subir un 25%, no un 20%.
Una pérdida del 10% requiere una suba de aproximadamente el 11,1% para recuperar el valor inicial. Después de una caída del 30%, hace falta ganar cerca del 42,9%. Y si la cartera pierde la mitad de su valor, es decir, un 50%, necesita subir un 100% —duplicarse— solamente para volver al máximo anterior.
Cuanto más profundo es el drawdown, mayor es el rendimiento necesario para recuperar las pérdidas.
Desde esta perspectiva, las caídas históricas de los ETF analizadas anteriormente adquieren todavía más relevancia. Una inversión con buenas perspectivas a largo plazo también puede atravesar pérdidas importantes y tardar varios años en recuperarse.
Un proceso de recuperación prolongado puede ser especialmente complicado para quienes necesitan retirar fondos regularmente o afrontar compromisos financieros en fechas determinadas.
Por eso, invertir a largo plazo no debería limitarse a buscar el rendimiento más alto posible. La magnitud de las pérdidas potenciales y sus consecuencias también forman parte de una buena evaluación.
Buscar rendimientos razonables y, al mismo tiempo, gestionar el riesgo de grandes caídas puede ayudar a sostener una planificación financiera de largo plazo.
Explorar otras fuentes de rendimiento es una manera de abordar este desafío. No porque exista una estrategia capaz de eliminar todas las pérdidas, sino porque una combinación adecuada podría reducir la dependencia de un único factor de riesgo de mercado.
El punto de partida debería ser un historial verificable de operaciones reales, no solamente un rendimiento anualizado atractivo.
Las plataformas externas de seguimiento de resultados, como Myfxbook, permiten consultar el historial de operaciones y las estadísticas de desempeño de una estrategia. Esta información puede ayudar a entender qué rendimientos y riesgos se observaron mientras operaba en condiciones reales de mercado.
De todos modos, la verificación de operaciones por parte de una plataforma externa no equivale a una auditoría financiera independiente. Tampoco representa una garantía de resultados futuros.
Un historial de operaciones reales ofrece información más directa sobre las transacciones efectivamente ejecutadas que una simple simulación. Sin embargo, los resultados pasados no garantizan rendimientos futuros.
Si el historial publicado incluye pruebas con datos históricos (backtests) o períodos simulados, esos resultados deben distinguirse claramente de los obtenidos mediante operaciones reales.
Para alguien que ya invierte en ETF, evaluar una estrategia nueva no necesariamente significa buscar la que obtuvo el rendimiento más alto. Lo importante es determinar si incorpora una fuente de retorno útil, con un nivel de riesgo aceptable.
Si tus inversiones actuales ya cumplen con tus objetivos financieros, tu tolerancia al riesgo y tus necesidades de liquidez, mantener la distribución existente puede ser una decisión perfectamente razonable.
Sin embargo, a medida que crece el patrimonio invertido, vale la pena revisar algunas cuestiones:
La baja correlación, por sí sola, no es motivo suficiente para invertir.
Una estrategia nueva merece consideración solamente cuando su potencial de rendimiento, sus riesgos y sus condiciones de implementación son compatibles con los objetivos y las limitaciones del inversor.
La pregunta más útil es otra:
«¿Mi cartera depende demasiado de los mismos factores de mercado y fuentes de rendimiento? ¿Una estrategia diferente podría ayudarme a buscar crecimiento patrimonial a largo plazo y, al mismo tiempo, gestionar mejor los riesgos?»
Para quienes ya construyeron una cartera de ETF con un horizonte de largo plazo, comprender las caídas máximas históricas, la correlación entre rendimientos y el efecto de distintas distribuciones de activos es un buen punto de partida para mejorar su composición.
Si estás analizando estrategias de baja correlación, empezá por tres aspectos fundamentales:
Estamos abiertos al intercambio de ideas sobre investigación de estrategias cuantitativas, gestión de riesgos y construcción de carteras, con el objetivo de contribuir a que los inversores interesados puedan evaluar sus alternativas con información más completa y criterios mejor fundamentados.
Una cartera bien construida no consiste solamente en generar rendimientos. También implica gestionar los riesgos a lo largo del camino hacia los objetivos financieros de largo plazo.
A medida que crece tu patrimonio invertido, la pregunta deja de ser solamente «¿Cómo puedo obtener un rendimiento más alto?». También empieza a cobrar importancia otra cuestión: ¿Mi cartera depende demasiado de lo que pase en el mercado de acciones?
Esto no significa que tengas que dejar de invertir en ETF. Se trata de analizar si otras fuentes de rendimiento, especialmente las estrategias con baja correlación respecto de las acciones, pueden aportar una diversificación más efectiva.
1. Los ETF diversifican las inversiones, pero no eliminan el riesgo de mercado
Los ETF de acciones permiten reducir el riesgo de concentrar el capital en unas pocas empresas. Sin embargo, si tu cartera está compuesta principalmente por este tipo de fondos, sus resultados siguen estando muy ligados a la evolución general del mercado bursátil.Por ejemplo, un ETF que sigue a las grandes empresas estadounidenses y otro enfocado en el sector tecnológico pueden replicar índices diferentes. Aun así, ambos están expuestos a factores económicos similares y pueden registrar pérdidas al mismo tiempo durante una caída generalizada de las bolsas.
Tener varios ETF no significa necesariamente contar con varias fuentes de rendimiento independientes.
Caídas máximas históricas de algunos ETF conocidos
La caída máxima, también conocida como drawdown máximo (Maximum Drawdown, MDD), mide el mayor descenso de valor de una inversión desde un máximo anterior hasta un mínimo posterior, dentro de un período determinado.La historia demuestra que incluso los ETF de acciones ampliamente diversificados han llegado a perder más del 50% de su valor durante grandes crisis bursátiles.
Principales períodos de caída: SPY (2007–2009), QQQ (2000–2002), VOO (2020) y Taiwan 0050 (2008).
Aclaración sobre los datos: El gráfico muestra valores aproximados del drawdown máximo de cada ETF desde su lanzamiento. Los períodos analizados no son iguales y los resultados pueden variar según el tratamiento de los dividendos, la frecuencia de los datos y el método de cálculo. Por eso, estas cifras no permiten establecer por sí solas qué ETF tiene mayor o menor riesgo.
La mayor caída registrada por un ETF desde su lanzamiento no necesariamente refleja la peor caída que sufrió el mercado al que sigue.
El caso de VOO sirve para entenderlo. Este ETF comenzó a cotizar en 2010, por lo que su historial real no incluye la crisis financiera mundial de 2008. Sin embargo, el índice S&P 500, que VOO replica, atravesó una caída mucho más profunda durante aquella crisis. Ese episodio puede analizarse mediante los datos históricos del índice o a través de SPY, un ETF con mayor trayectoria.
Algo parecido ocurre con Taiwan 0050, lanzado en 2003. Su historial de operaciones reales no abarca los grandes mercados bajistas que sufrió Taiwán antes de esa fecha. Por ejemplo, cuando estalló la burbuja bursátil taiwanesa en 1990, el índice TAIEX perdió aproximadamente un 80% de su valor. Esa cifra corresponde a una caída histórica del índice de mercado, no a un drawdown real ni simulado del ETF Taiwan 0050.
La conclusión es clara: que un fondo tenga un historial más corto y no haya atravesado determinadas crisis no significa que esté menos expuesto a una fuerte caída futura.
Por eso, al evaluar los riesgos de un ETF, conviene mirar más allá de su propia evolución y estudiar también cómo se comportó el mercado de referencia a lo largo de distintos ciclos económicos.
Nada de esto invalida la inversión en ETF a largo plazo. Simplemente pone de relieve una diferencia importante: el rendimiento obtenido a lo largo de los años y las pérdidas que hubo que soportar durante ese recorrido son dos aspectos distintos de una inversión.
Para quienes ya acumularon un patrimonio considerable, se acercan a la jubilación o planean retirar dinero de manera periódica, una caída pronunciada puede significar mucho más que una pérdida temporal en la pantalla. También puede afectar los plazos y las decisiones de su planificación financiera.
En ese contexto, vale la pena hacerse una pregunta: ¿sumar otras fuentes de rendimiento podría reducir la dependencia de la cartera respecto del mercado de acciones?
2. ¿Qué aportan las estrategias de baja correlación?
El atractivo de una estrategia de baja correlación no está en su capacidad para anticipar el próximo desplome bursátil. Su posible ventaja consiste en generar rendimientos que no dependan exclusivamente de que suban los precios de las acciones.Correlación baja y correlación negativa: ¿cuál es la diferencia?
La correlación indica hasta qué punto los rendimientos de dos inversiones tienden a moverse juntos.En el análisis financiero, el coeficiente de correlación (Correlation) toma valores entre -1 y +1. Para entenderlo, conviene distinguir tres situaciones:
- Correlación positiva (cercana a +1): Los rendimientos suelen moverse en la misma dirección. Las dos inversiones tienden a subir o bajar al mismo tiempo.
- Correlación baja (cercana a 0): No existe una relación lineal fuerte y estable entre los rendimientos. Cuando una inversión sube, la otra puede subir, bajar o mantenerse prácticamente sin cambios.
- Correlación negativa (cercana a -1): Los rendimientos suelen moverse en direcciones opuestas. Cuando una inversión sube, la otra tiende a bajar.
Una correlación baja no es lo mismo que una correlación negativa.
Esta diferencia es especialmente importante si ya invertís en ETF de acciones.
Una estrategia de baja correlación no genera ganancias automáticamente cada vez que cae la bolsa. Lo que significa es que sus rendimientos no siguen de manera constante la misma dirección que el mercado de acciones.
Las acciones y una estrategia cuantitativa pueden registrar pérdidas simultáneas, aunque su correlación histórica haya estado cerca de cero. Del mismo modo, una correlación históricamente negativa tampoco garantiza protección durante todas las caídas del mercado.
El beneficio potencial aparece al combinar fuentes de rendimiento que no siempre se mueven al mismo ritmo, no al esperar que una inversión compense cualquier pérdida de otra.
¿Cómo puede la baja correlación reducir la volatilidad de una cartera?
Veamos un ejemplo hipotético con dos inversiones:
- ETF de acciones: Volatilidad anualizada del 20%.
- Estrategia alternativa: Volatilidad anualizada del 15% y correlación igual a 0 respecto del ETF.
Si todo el capital se invierte en el ETF de acciones, la volatilidad anualizada de la cartera es del 20%.
Bajo estos supuestos, una distribución del 80% en el ETF y el 20% en la estrategia alternativa reduciría la volatilidad de la cartera a aproximadamente el 16,3%. Con un 60% en el ETF y un 40% en la estrategia alternativa, bajaría todavía más, hasta alrededor del 13,4%.
¿Cómo es posible que agregar otra inversión que también tiene fluctuaciones de precio termine reduciendo la volatilidad total?
Porque el riesgo de una cartera no depende solamente de cuánto fluctúa cada inversión por separado, sino también de cómo se mueven sus rendimientos entre sí.
Cuando dos inversiones no suben y bajan siempre al mismo tiempo, parte de sus movimientos puede compensarse. Como resultado, la cartera en su conjunto puede presentar variaciones de valor más moderadas.
Ese es el posible beneficio de diversificación que hace interesantes a las estrategias de baja correlación.
Sin embargo, los valores del gráfico son únicamente un ejemplo matemático basado en supuestos específicos, no resultados reales de ninguna estrategia. Una menor volatilidad no garantiza un drawdown máximo más bajo ni un rendimiento superior.
En la práctica, hay que evaluar si incorporar una estrategia mejora efectivamente la cartera después de considerar su rendimiento, las comisiones, los costos de negociación y los riesgos involucrados. La nueva distribución también tiene que ser coherente con los objetivos financieros del inversor.
El objetivo no es necesariamente encontrar la inversión con el mayor rendimiento, sino construir una cartera en la que distintas fuentes de retorno se complementen.
3. El rendimiento a largo plazo importa. Controlar las pérdidas también.
El rendimiento anualizado es un indicador útil para evaluar una inversión, pero no muestra toda la historia. Hay otra pregunta igual de importante: después de una pérdida considerable, ¿cuánto tiene que subir la cartera para recuperar su valor anterior?Supongamos que una cartera pasa de 10 millones a 8 millones. Eso representa una pérdida del 20%. Pero para volver de 8 millones a 10 millones necesita subir un 25%, no un 20%.
Cuanto mayor es la pérdida, más difícil resulta recuperarla
Una pérdida del 10% requiere una suba de aproximadamente el 11,1% para recuperar el valor inicial. Después de una caída del 30%, hace falta ganar cerca del 42,9%. Y si la cartera pierde la mitad de su valor, es decir, un 50%, necesita subir un 100% —duplicarse— solamente para volver al máximo anterior.
Cuanto más profundo es el drawdown, mayor es el rendimiento necesario para recuperar las pérdidas.
Desde esta perspectiva, las caídas históricas de los ETF analizadas anteriormente adquieren todavía más relevancia. Una inversión con buenas perspectivas a largo plazo también puede atravesar pérdidas importantes y tardar varios años en recuperarse.
Un proceso de recuperación prolongado puede ser especialmente complicado para quienes necesitan retirar fondos regularmente o afrontar compromisos financieros en fechas determinadas.
Por eso, invertir a largo plazo no debería limitarse a buscar el rendimiento más alto posible. La magnitud de las pérdidas potenciales y sus consecuencias también forman parte de una buena evaluación.
Buscar rendimientos razonables y, al mismo tiempo, gestionar el riesgo de grandes caídas puede ayudar a sostener una planificación financiera de largo plazo.
Explorar otras fuentes de rendimiento es una manera de abordar este desafío. No porque exista una estrategia capaz de eliminar todas las pérdidas, sino porque una combinación adecuada podría reducir la dependencia de un único factor de riesgo de mercado.
4. Cómo evaluar los resultados reales de una estrategia cuantitativa
Una vez que entendés la importancia de la correlación y las caídas máximas, llega el momento de analizar algo más concreto: ¿una determinada estrategia cuantitativa de trading realmente merece un lugar en tu cartera?El punto de partida debería ser un historial verificable de operaciones reales, no solamente un rendimiento anualizado atractivo.
Las plataformas externas de seguimiento de resultados, como Myfxbook, permiten consultar el historial de operaciones y las estadísticas de desempeño de una estrategia. Esta información puede ayudar a entender qué rendimientos y riesgos se observaron mientras operaba en condiciones reales de mercado.
De todos modos, la verificación de operaciones por parte de una plataforma externa no equivale a una auditoría financiera independiente. Tampoco representa una garantía de resultados futuros.
No te quedes solamente con la rentabilidad publicada
Al evaluar una estrategia cuantitativa, conviene prestar especial atención a cuatro aspectos:- Historial de operaciones reales: ¿Hace cuánto tiempo opera la estrategia con dinero real? ¿Atravesó distintos escenarios de mercado, incluidas etapas de alta volatilidad?
- Rendimiento y drawdown máximo: ¿Qué pérdidas y caídas temporales hubo que soportar para alcanzar los resultados informados?
- Apalancamiento, exposición y costos: ¿La estrategia utiliza apalancamiento o mantiene posiciones abiertas importantes? ¿Qué comisiones de administración y costos operativos implica?
- Correlación con los ETF de la cartera: ¿Sus rendimientos tienen un comportamiento suficientemente diferente como para aportar una diversificación significativa?
Un historial de operaciones reales ofrece información más directa sobre las transacciones efectivamente ejecutadas que una simple simulación. Sin embargo, los resultados pasados no garantizan rendimientos futuros.
Si el historial publicado incluye pruebas con datos históricos (backtests) o períodos simulados, esos resultados deben distinguirse claramente de los obtenidos mediante operaciones reales.
Para alguien que ya invierte en ETF, evaluar una estrategia nueva no necesariamente significa buscar la que obtuvo el rendimiento más alto. Lo importante es determinar si incorpora una fuente de retorno útil, con un nivel de riesgo aceptable.
5. ¿Realmente necesitás otras estrategias además de los ETF?
No todas las personas que invierten en ETF necesitan incorporar una estrategia cuantitativa.Si tus inversiones actuales ya cumplen con tus objetivos financieros, tu tolerancia al riesgo y tus necesidades de liquidez, mantener la distribución existente puede ser una decisión perfectamente razonable.
Sin embargo, a medida que crece el patrimonio invertido, vale la pena revisar algunas cuestiones:
- Dependencia del mercado: ¿Qué parte de mi patrimonio depende directamente del desempeño del mercado de acciones?
- Capacidad para soportar pérdidas: ¿Una caída importante de la cartera podría afectar mis planes de jubilación, los retiros previstos u otros objetivos financieros?
- Resultados verificables y gestión del riesgo: ¿La estrategia que estoy analizando tiene un historial comprobable de operaciones reales y un sistema de control de riesgos creíble?
- Beneficio para la cartera: Después de considerar los costos y los riesgos, ¿incorporar esta estrategia mejoraría realmente mi distribución de inversiones?
La baja correlación, por sí sola, no es motivo suficiente para invertir.
Una estrategia nueva merece consideración solamente cuando su potencial de rendimiento, sus riesgos y sus condiciones de implementación son compatibles con los objetivos y las limitaciones del inversor.
Conclusión: mantené tus ETF, pero ampliá tu mirada sobre la diversificación
Invertir en ETF a largo plazo sigue siendo una alternativa razonable para muchas personas. Analizar estrategias de baja correlación no significa que tengas que vender los fondos que ya forman parte de tu cartera.La pregunta más útil es otra:
«¿Mi cartera depende demasiado de los mismos factores de mercado y fuentes de rendimiento? ¿Una estrategia diferente podría ayudarme a buscar crecimiento patrimonial a largo plazo y, al mismo tiempo, gestionar mejor los riesgos?»
Para quienes ya construyeron una cartera de ETF con un horizonte de largo plazo, comprender las caídas máximas históricas, la correlación entre rendimientos y el efecto de distintas distribuciones de activos es un buen punto de partida para mejorar su composición.
Si estás analizando estrategias de baja correlación, empezá por tres aspectos fundamentales:
- Resultados reales verificables: Revisá las operaciones efectivamente ejecutadas, la duración del historial disponible y los costos asociados.
- Historial de riesgos y drawdowns: Analizá cómo se comportó la estrategia en diferentes condiciones de mercado.
- Correlación con tus ETF: Compará los rendimientos durante períodos equivalentes para evaluar si la estrategia puede aportar una diversificación relevante.
Estamos abiertos al intercambio de ideas sobre investigación de estrategias cuantitativas, gestión de riesgos y construcción de carteras, con el objetivo de contribuir a que los inversores interesados puedan evaluar sus alternativas con información más completa y criterios mejor fundamentados.
Una cartera bien construida no consiste solamente en generar rendimientos. También implica gestionar los riesgos a lo largo del camino hacia los objetivos financieros de largo plazo.